Tienes 40 o más y te has dado cuenta de que tienes muchos miedos. Eso puede llenarte de vergüenza o de más miedo, pero déjame decirte que nunca es tarde para vencerlos y hacer aquellas cosas que tanto has soñado realizar, no importa qué tan grande o «viejo» te sientas, no puedes permitir que eso te robe la posibilidad de hacer un sueño realidad, sea que quieras hacer algo que te gusta, aprender algo nuevo, desempeñar un trabajo diferente, adentrarte en un hobbie, o simplemente hacer algo que sale de tu rutina y de tu estilo de vida.

Te quiero compartir algunos temores que yo vencí y que espero te alienten y motiven para que tú también venzas aquellos que te atormentan.
VIAJAR SOLA
Hice mi primer viaje sola cuando tenía 30 años. Decidí hacer un tour por Chiapas durante 10 días. Tenía mucho miedo, no sabía por dónde empezar, qué llevar, cómo hacerle. Tenía tanto temor, que tres o dos días antes del viaje estaba arrepintiéndome invadida por pensamientos y dudas como: ¿y si me enfermo allá?, ¿y si pasa un accidente en carretera?, ¿y si me asaltan?, ¿y si me pasa algo estando allá sin conocer a nadie?; todos esos miedos estaban a punto de paralizarme, pero algo en mi fue más fuerte y una voz me dijo: «si no lo haces ahora, te vas a arrepentir toda tu vida, confía, nada te va a pasar, mejor piensa en todo lo bueno que te puedes perder si no lo haces AHORA, quizás no haya un después«.
¿Y qué crees?, que sí pasaron muchas cosas y buenas. Ese viaje fue una de las experiencias más hermosas de mi vida. Pasó que conocí a personas extranjeras muy divertidas y gentiles que incluso me cuidaron y acompañaron en mi paso de San Cristobal a la playa de Puerto Arista. Comí delicioso, caminé por donde quise, visité los lugares que más me atraían, sin prisas, sin horarios, sin temores. Prácticamente me fui de «mochilazo». Le perdí miedo a viajar, y de ahí agarré vuelo para hacerlo más veces sola, era como si me hubieran enseñado las alas que tenía escondidas y que no sabía cómo usarlas (¿recuerdan a «Río», la cacatúa?, bueno, pues algo así, jajaja).
Durante el viaje llegó la navidad, quise pasarla allá. En el trayecto de ida y vuelta, y a ratos, me acompañé de un libro que anhelaba tener y que un amigo me regaló: «La sombra del viento», de Carlos Ruiz Zafón, y sé que muchos me juzgarán, pero no podía evitar plasmar en sus hojas algunas fechas, pensamientos o lugares que visité mientras leía algún fragmento o frase célebre de Fermín (uno de mis personajes favoritos). Hoy ese libro es un tesoro que guarda las memorias de un viaje que añoraba con el alma y que me regaló gratas experiencias.
Lección: Aprendí que, puede que te invadan los miedos, más aún cuando es algo MUY GRANDE o completamente desconocido para ti, pero si te arriesgas centrando tu mirada en las cosas positivas en lugar de las negativas, puede que los resultados sean mejor de lo que esperabas y hasta te sorprendan.

NO ESTOY SOLA
Desde chica he disfrutado mucho la soledad. Cuando mis padres me dejaban sola en casa ya estando joven, ponía música, cantaba o hacía cualquier cosa para amenizar el rato. Me sentía como Matilda, claro, sin los poderes y la magia. Cuando fui creciendo, no siempre había la compañía o cómplice disponible o adecuado para compartir, así que me iba al cine sola, a restaurantes deliciosos, a presentaciones y conciertos musicales, o a viajes en globo haciendo de «mal tercio» en medio de parejas que me observaban con extrañeza.
Sin duda lo disfrutaba, me gustaba (y aún me gusta) saber y sentir que puedo hacer las cosas sola sin la necesidad de tener a alguien conmigo. Incluso había días en que me regalaba flores (sí, mucho antes de «I can buy myself flowers» de Miley Cyrus); mi filosofía era: «¿por qué esperar a que llegue un hombre o alguien a regalarme lo que tanto me gusta?», y siempre lo hice así, tampoco iba a esperar disfrutar de otras cosas sólo porque no había alguien para acompañarme, y más ahora que a los 40, es difícil encontrar compañía.
Lección: Aprendí que cuando sabes estar solo y sabes disfrutar de tu compañía, te estás regalando momentos preciosos e incomparables. Aprendí que también me necesito a mi, que necesito del silencio, de la introspección, de la paz y de la calma, y que estar solo es una invitación a conocerte, a consentirte y ser más creativo. Aprendí, que estar solo no es sinónimo de fracaso, tampoco significa que nadie quiera estar contigo, significa que sabes elegir cómo y con quién pasar el tiempo sin que la compañía sea resultado de algo forzado, de la casualidad, soledad, ansiedad o necesidad, incluso, el día que cumplí 30 no sólo corrí 30 km como parte de mi festejo, decidí ir a comer sola a uno de mis restaurantes favoritos: «Les moustaches», en la Ciudad de México y hasta el pianista tocó una pieza para mi.

(También aprendí que cuando vas solo a comer o al cine, siempre encuentras lugar y más rápido jajaja).
CORRER UN MARATÓN
Casi como con mi primer viaje, para correr mi primer maratón también me invadieron muchos pensamientos. Desde pensar en un posible infarto (no vean tantas noticias, por favor); hasta no terminarlo; llegar pidiendo un tanque de oxígeno; extenderme de más y que terminara acarreándome la barredora, ¡en fin!, pero de nuevo mi cerebro me dijo «lo peor que puede pasar es que te arrepientas de no haberlo intentado, concéntrate en todo lo bueno que puede pasar y no en lo malo«, y así fue… lo «peor» que pasó fue que corrí otros seis maratones: un total de siete, empezando por el serial de la letra «M» para completar la palabra «MÉXICO» y uno más de pilón.

Lección: Aprendí que los límites sólo existen en la mente. Nunca me imaginé tener la resistencia que tuve, claro, preparándose uno puede lograr muchas cosas, pero jamás imaginé que pudiera correr 90 km a la semana y tener semejante fuerza en mis piernas… en fin, correr un maratón es una experiencia sublime que, según algunos estudios, alrededor de 1.1 millones de personas completan un Maratón cada año en todo el mundo… saberse dentro de esas estadísticas, simplemente te hace sentir muy orgulloso.
¡YA NO ME AHOGO!
Cuando llegamos a cierta edad, creemos que también hay ciertas cosas exclusivas para una etapa de la vida. Si bien es cierto que no te vas a poner a practicar gimnasia con saldos y volteretas, eso no significa que no existan otras opciones más realistas que no tienen edad para aprenderse, a menos que en verdad haya una situación física que te imposibilite, pero si no es así, puedes hacer lo que quieras. Recuerda que los límites están en la mente.
Aprendí a nadar cerca de los 36 años. Sí. Me daba mucha pena, pero además le tenía pavor al agua. Era de las que sentía que se iba a ahogar en el chapoteadero, pero cuando descubrí que en el grupo había muchas mujeres de mi edad e incluso más grandes que estaban pasando por la misma situación que yo, la pena se fue, pero el miedo seguía. Para mi, un recurso que me ayudó mucho a perderle el miedo fue algo muy simple e inimaginable: usar gogles. El sólo hecho de poder mirar dentro del agua, me hizo perder el 80% de miedo… ¿cómo no se me ocurrió antes? y tiene lógica: nadie en su sano juicio cruzaría una avenida con los ojos cerrados por más que su andar sea perfecto. Y sí, sólo se trataba de ver, luego me fui soltando poco a poco hasta que llegué a darme unas maromas dentro del agua, y saltos muy modestos. No soy capaz de meterme al mar, ese sí lo respeto mucho, pero al menos ya no me ahogo en un «charco» y en las albercas ya me doy unas buenas nadadas, jajaja.

Lección: Con esto, aprendí que no hay edad, que a veces sólo se trata de fluir y confiar, como cuando confiamos en Dios y nos soltamos en sus manos para que él nos tome. En el agua como en la vida, si no «flotamos» y ponemos resistencia, puede que nos ahoguemos y todo puede volverse mucho más complicado. Mientras más ligeros estemos, las cosas caminan mucho mejor.
Todo es GRACIAS A DIOS
Al final, no tengo más que decirte que la gloria y la gratitud es para Dios. De Él vienen todas las cosas y son para Él, si encomendamos a Dios nuestro camino, Él es fiel y justo y nos acompañará y dará siempre la victoria en cada uno de ellos. Si tú pones tu confianza en Él, créeme que Dios tomará el control y será con SUS fuerzas, no con las tuyas.
Entonces ¿qué? ¿te animas, o seguirás postergando?
Los quiero. Gracias por leerme. DTB. ❤
Deja un comentario